martes, 7 de febrero de 2017

JUAN CADENAS, EL POLICÍA AL QUE LE ARRANCARON LA VIDA

Por Ernesto Pérez Vera

Primera entrevista televisiva concedida por Juan Cadenas, el policía gaditano al que unos malnacidos le clavaron un pedazo de cristal en la garganta y en un ojo, hace 2 años.

Conocí a Juan poco tiempo después de producirse el incidente: yo quería oír su historia con todos los detalles, con todos, y él necesitaba saber por qué no fue capaz de apretar el disparador, aun teniendo encañonados a sus agresores. Ya no tiene duda alguna de que es una víctima del nefasto sistema formativo-policial al que estuvo expuesto mientras ejerció la profesión de sus sueños.  Ahora sabe que debió disparar, aunque en realidad lo supo, como él mismo verbaliza, un segundo después de no hacerlo y de sentirse derramado sobre el uniforme. Ahora es consciente de la natural y justa licitud de defender a tiros la integridad física, la vida que se pierde en el camino, aunque el homicida se halle armado con un ladrillo, con unas tijeras, con una escopeta, con un cenicero, con un destornillador, con una navaja, con un florero, con un palo de fregona, con una lasca de vidrio, con un revólver o con una llave inglesa. Ahora ya sabe, lo que nunca jamás nadie le había explicado.


Juan, muchas gracias por acordarte de mí durante la entrevista. Vídeo de Canal Sur TV: https://www.youtube.com/watch?v=aQQKQxOHPvk&feature=youtu.be

lunes, 6 de febrero de 2017

DROGAS AL VOLANTE

BALCÓN DEL ESTRECHO. ONDA CERO ALGECIRAS

Artículo de opinión (06/02/2017)

Por Ernesto Pérez Vera

Hace pocos días despertamos con la horrible noticia de que en Madrid había sido detenido el conductor de un autobús escolar que, tras volcar con 25 chiquillos en su interior, había dado positivo en consumo de cocaína. Un maldito desgraciado, como miles de conciudadanos con los que, sin saberlo nosotros, coincidimos a diario en todas partes. Solo que en este caso, este hombre, tenía en sus manos muchas pequeñas vidas humanas.

Pero no hace falta irse a Madrid. Si en cualquier municipio del Campo de Gibraltar se hiciesen controles de ingesta de sustancias estupefacientes a los conductores de vehículos privados y has de servicio público, nos llevaríamos las manos a la cabeza o saldríamos corriendo. Y es que si el número de positivos es altísimo en cuanto al consumo de bebidas alcohólicas, usando los famosos y temidos alcotest, no les digo nada sobre qué puede suceder el día que nuestros policías locales cuenten en su haber con narcotest, los aparatos que detectan la ingesta de drogas.

Si bien es cierto que nuestros municipales suelen tener a su disposición detectores de alcohol en aire espirado, ya sean entregados por la Diputación Provincial, ya sean prestados por la Jefatura Provincial de Tráfico o ya sean adquiridos en propiedad por los propios cuerpos de policía, igualmente es cierto que de detectores de drogas, nada de nada. Porque, según parece, ni la Diputación ni Tráfico cuentan con estos medios a nivel provincial. ¡Qué pena, Dios mío! Cuánto me hubiera gustado disponer de un chisme de estos en mis tiempos.

Dicho esto, ¿por qué los 7 ayuntamientos de la comarca no compran algún drogotest para sus policías locales? Mucho me temo que la breva tardará en caer. Podría echarle la culpa a los políticos, que seguro que mucha culpa tienen, pero dudo que todos los jefes de policía tengan interés en contar con tales aparatos, por lo que quizá no los reclamen. Por cierto, en una plantilla de por aquí cerquita se prohibió durante meses el uso del alcotest, tras haber caído un político local en un control de los municipales. Si asqueroso es que un elegido por el pueblo dé tan perra orden, como así ocurrió, más deleznable y hasta delictivo es que un jefe de policía la ejecute (me refiero a la orden). Un dato: casi la mitad de fallecimientos producidos en accidentes de tráfico están apadrinados por las drogas, el alcohol o la combinación de ambos venenos. De heridos que sobrevivieron, mejor no dar datos, para no asustar más al personal.

He dicho, María.

¿PARTES NO VITALES…?

Por Ernesto Pérez Vera
Heraldo, lunes 6 de febrero de 2017: “Tras esta disputa, apareció Javier Martínez, con el que comenzó a hablar de manera más sosegada y distendida. Sin embargo, cuando la conversación parecía haber terminado de una forma amistosa, Cecilio G. G. sacó un revólver o una pistola y le disparó en el hombro izquierdo. Según pudo saber este periódico, desafortunadamente el proyectil le afectó a una arteria y, a pesar de que recibió atención médica con rapidez, falleció poco después desangrado por un shock hemorrágico”.

Lo ves, precisamente por esto me escabullo de emplear la manida expresión ‘disparar a partes o zonas corporales no vitales’. Y cuando recurro a la susodicha cita es, ya, matizando numerosísimos detalles, sobre todo después de comprobar personalmente qué supone disparar al tren inferior de un humano, verificando los efectos de acertar. Por otra parte, aunque este incidente se produjo entre particulares, concretamente ayer en Épila (Zaragoza), las circunstancias y la dinámica del evento recuerdan mucho a cómo se produce un importante porcentaje de enfrentamientos policiales. Ambas partes se hallaban físicamente muy próximas entre sí: en Épila, mientras dialogaban; y cuando de policías y malos se trata, mientras se ejecutan identificaciones o cacheos, diligencias básicas y propias de los agentes de la autoridad. Así pues, tanto en un caso como en el otro, todo puede ponerse muy negro en décimas de segundo, casi siempre de modo inesperado.

¿Te entrenan mucho y bien, para este tipo de ataques? ¿Acaso te entrenan mucho y mal? Lo sé, lo sé, te entrenan mal y muy poco. Ante eventos inesperados de esta naturaleza, no resulta sencillo escapar indemne. Pero, sin duda alguna, existen estrategias y técnicas que pueden ayudar a minimizar los efectos adversos de este tipo de agresiones, cuando no incluso pueden ayudar a neutralizarlos. No es fácil salir plenamente victorioso de algo así, pues cualquiera puede llevarse un tajo o un taponazo, en menos que canta un gallo. Pero como seguro que no se vence es sin meditar sobre ello, entrenando para ello. En virtud de tu nivel formativo en este terreno, amén del sempiterno factor suerte, sangrarás más, sangrarás menos o no sangrarás. Agarrarse a la opción del escaqueo no es un plan respetable, sino despreciable, por más que muchos vivan aferrados a ella, como las moscas a la mierda.

sábado, 4 de febrero de 2017

EN EL PUNTO DE MIRA: LA REALIDAD SOBRE MATAR CONGÉNERES

Por Ernesto Pérez Vera

Cuando le digo a la gente que dispararle a otro ser humano no es tan fácil como nos meten por los ojos en el cine, muchos me dicen que cierre el pico, que para ellos no resultaría emocionalmente duro ni contradictorio meterle 3 tiros a un menda. Es más, no son pocos los que me han respondido que como son tiradores de primera categoría en el seno de sus cuerpos de seguridad, pues que encima las 3 balas las meterían en la cabeza. Y oye, a ver, no es imposible hacerlo cuando lo que tienes ante ti es un trozo de papel con la fotografía de un malo o cuando le blanco presenta círculos concéntricos numerados. Eso sí, tirar contra carne humana viva… es otra cosa.

Sigamos. Uno no es que haya estudiado Psicología. Puede que uno ni tan siquiera haya estudiado nada. Pero lo que uno sí ha hecho durante toda su vida (desde niño) es viajar a lomos de innumerables libros, a horcajadas sobre incontables párrafos. Saltar de autor en autor es lo que tiene, que uno acaba viajando más que Willy Fog. Y es que, además, sin que uno haya entrado en combate con la jeta tiznada con pinturas de guerra, uno sí ha sobrevivido a tiro limpio. Estén muy al loro, porque eso marca tanto, que puede cambiarles la vida. Solamente una vez salvé mi vida, solamente una vez y nada más, que diría Luis Miguel. Pero la experiencia fue tan brutal, que rápidamente supe que era verdad todo lo que había leído; todo lo que había meditado; todo sobre lo que había reflexionado; todo lo que había asimilado; y casi todo lo que había sido capaz de transmitirle a mis compañeros, antes de aquella fatídica madrugada. Tanto es así, que aquel acto de supervivencia y dolor físico y emocional, se transformó en mi particular pistoletazo de salida como juntaletras.

Pese a esto, quienes practican tiro sin buscar solvencia real pipa en ristre, que suelen ser los mismos que desconocen cómo nos comportamos los humanos frente a estímulos altamente estresantes, seguirán manifestando, ligera y gratuitamente, que a la mínima que vean aparecer a un feo empuñando una fregona, le meterán 3 balazos y se quedarán tan panchos y tan anchos. Anda que no queda chulo recurrir a la manida cantinela que habla de salir del talego. Porque claro, de donde no se sale es del cementerio, pero tampoco se acaba en el trullo si la defensa a taponazos se ajusta a lo exigido por el ordenamiento jurídico. Pero como somos malos para nosotros mismos y nos gusta vivir abrazados a la miseria de la ignorancia, disfrutamos —los que lo hagan— compadeciéndonos: “¡Es que me pueden condenar, joder!”, se oye día tras días, en boca de quienes tienen más miedo a defenderse que a morirse.

Naturalmente que te pueden clavar una pena, alma de cántaro, y también te pueden clavar un pico en la cabeza, y también un cuchillo en el costado, y también un cristal en la cara; pero precisamente por eso hay que adiestrarse muy bien, e igualmente por ello hay que exigir la máxima calidad formativa, tanto en manejo de armas, como en manejo de razones legales, como en manejo de conocimientos básicos de neuro-psico-fisiología, en situaciones de supervivencia extrema. Esa es la razón por la que hay que dominar la lectura de las cartas de navegación y el motivo por el que hay que conocer la situación de los puertos, las islas y los bancos de arenas con los que uno puede toparse durante la singladura de la carrera profesional, haya o no haya tormenta. Porque ojo, la galerna más grande te la puede montar un tonto en menos que canta un gallo, acabando alguien muerto o herido en un periquete.

Pero no quiero perder el hilo de lo que hoy me ha traído hasta aquí. Estén atentos a este extracto de la entrevista publicada por ‘El País’ (01/02/2017), en la que Kevin Lacz, un antiguo miembro la Marina de los Estados Unidos, verbaliza:

Pregunta: Usted menciona que hay un 2 % de hombres que pueden matar sin verse afectados por ese hecho. Respuesta: Le escuche la teoría al teniente coronel Dave Grossman, ranger y psicólogo, fundador de la Killology, el campo de estudio sobre el matar. Hablamos de guerreros, no de psicópatas. De gente que puede participar en un combate de forma equilibrada, sin ramificaciones psicológicas. Puedes matar al enemigo sin angustias. En mi primer despliegue en Iraq me di cuenta de que encajaba en ese 2%. Cuando disparé a terroristas no tuve ningún remordimiento y sigo sin tenerlo. No se enseña a ser de ese 2%. Lo eres o no.

Pregunta: ¿Es fácil matar de un disparo? Respuesta: No diría que fácil. Puedes ser un buen tirador al blanco de papel, pero cuando por la mirilla ves a un tipo que respira... No creo que todos sean capaces. Cualquiera puede disparar un arma, pero no todos pueden dispararle a un ser humano.

Pregunta: Esa mirada intimidatoria suya, ¿es la mirada de francotirador? Respuesta: Es el ser consciente de todo a tu alrededor. Eso lo tendré siempre. Es la conciencia situacional. (Nota de Ernesto Pérez Vera: Esto se le aplaude a los miembros de las unidades especiales, en la misma proporción que sirve de burla cuando se trata de un policía patrullero).

Pregunta: ¿Sentía miedo en combate? Respuesta: Constantemente. Es consustancial a la lucha. Las personas que no tienen miedo son una carga negativa para el equipo. Es lo que haces a pesar del miedo, lo que te define”.

Significar que Lacz ejerció de francotirador, su especialidad, durante 2006 en Iraq, matando a varios miembros de la insurgencia, como parte de la sección Charlie del Equipo 3 de los SEAL. Nuestro hombre del día trabajó codo a codo con el famoso Chris Kyle, considerado el mejor sniper de la historia de las fuerzas armadas estadounidenses, con 101 muertos bajo el cañón de su arma. Kevin se resiste a desvelar a cuántos mató él, asegurando que a más de 10, mas sin llegar a la cifra de Chris, a quien considera un hermano y su mentor.

Toca mirarse un poco por dentro. Toca pensar un poco en la cantidad de bobadas que solemos decir quienes llevamos pistola, porque es más fácil disparar de boquilla en la iluminada barra de un bar, que escupir plomo a bocajarro en un oscuro callejón.

viernes, 27 de enero de 2017

MENTIRAS QUE MATAN POLICÍAS

Por Ernesto Pérez Vera

Lo de Juan Cadenas no me resulta nuevo en absoluto. La inmensa mayoría de los policías con los que he hablado a lo largo de más de tres décadas, respondieron, a preguntas mías, que el día que sus vidas se hallaran en peligro no dudarían en disparar. Quienes dicen esto siempre están seguros de poder acertar sus disparos y, naturalmente, se ven a sí mismos como exitosos supervivientes. Pero la verdad es que hasta aquella fatídica noche Juan también pensaba que apretaría el disparador, sin embargo no disparó y a punto estuvo de morir. Y es que no es lo mismo ser un fenómeno haciendo dieces en la diana de la galería de tiro, que verse delante de un blanco humano que suda, que grita, que avanza y que mata. Y todo esto, sin previo aviso. La gente suele descubrir tarde y pagando un elevado coste, que la instrucción recibida en los cuerpos de seguridad es de chiste, de broma. Eso contando con que efectivamente se haya entrenando al personal, aunque sea mal, porque hay plantillas (locales principalmente) en las que el reciclaje es una utopía. Esto es algo tan peligroso, bochornoso y delictivo, que a buen seguro será negado. No obstante, tales extremos son fácilmente constatables.

Pasa cada dos por tres: los policías prefieren arriesgar sus vidas y las de terceras personas antes que disparar, porque no están cualificados. Sí, a los policías se les enseña a manejar la pistola, pero se les exigen unos mínimos de eficacia que son del todo irrisorios, aunque las instituciones policiales vendan interna y públicamente altísimos niveles de adiestramiento. A estos funcionarios no solo hay que enseñarles tiro y manejo de las armas, también han de ser formados respecto a qué supone la legítima defensa. Pero insisto, si el adiestramiento en el campo de tiro es paupérrimo, eso siendo generoso, en lo concerniente a los aspectos jurídicos del uso del arma de fuego es profundamente nefasto.

A nuestros servidores públicos se les entrega un arma, a la par que se les inculca pavor a la mera extracción y exhibición para conminar, así que eso de abrir fuego contra un hostil suele tatuarse en la psique de los funcionarios como algo que jamás ha de hacerse. En algunas escuelas de policía existe libertad de cátedra, por lo que a veces te topas con profesores de tiro que han estudiado la dinámica de los enfrentamientos armados, la neuro-psico-fisiología humana ante el ‘a vida o muerte’ y los aspectos jurídicos que determinan cuándo sí y cuándo no se puede y se debe disparar contra un semejante. Pero esto, el triangulo fundamental de conocimientos del buen formador del ramo, demasiadas veces resulta papel mojado en los planes académicos y de reciclaje, cuando no basura sobre la que se pasa de largo, por supina ignorancia y máximo desinterés.

Lamentablemente, me consta que hay profesores e instructores que aconsejan no defenderse jamás, a tiros, de quienes estén acometiéndolos con armas blancas, contundentes u otras circunstanciales. Algunos, los más expeditivos de cuantos ignorantes me vienen a la cabeza, sugieren hacerlo exclusivamente si ya se está próximo a perecer. Y otros, incluso exponiendo el mismo supuesto práctico, abanderan la absurda idea de que como mucho se podría disparar intimidatoriamente al aire, para luego, ante la insistencia homicida, apuntar a partes no vitales. Esto se lo he oído decir a personal tanto público como privado, estando entre los primeros señores en apariencia muy formados académicamente, por poseer estudios superiores y divisas de mando. Este es el cáncer que facilitó que los Cachimba salieran ilesos aquella madrugada en Puerto Serrano. Habría que preguntarle a Juan Cadenas cuántas veces acudió a un campo de tiro durante su exigua carrera profesional, cuántos disparos efectúo y qué filosofía formativa sobrevolaba el ambiente.

Por cierto, eso de apuntar, que tan altamente puntúa delante de una silueta de tiro, resulta una acción muchas veces imposible de llevar a término en el fragor de una confrontación, máxime si esta se produce de modo sorpresivo y a corta o muy corta distancia, como por otra parte se dan la inmensa mayoría de las confrontaciones, siendo todas así cuando de armas blancas se trata. La respuesta a la imposibilidad de apuntar en situaciones de total estrés se encuentra, precisamente, en la propia fisiología humana ante eventos de esta magnitud. Pero los programas académicos de tiro insisten, casi en su totalidad, en que siempre se puede apuntar con calma. Ya ves, la calma es lo primero que desaparece en todo Homo sapiens sano de mente, cuando el cerebro percibe estímulos que le hacen suponer que está en grave e inminente peligro. Ostentar una placa de policía no otorga poderes sobrenaturales: frente a situaciones vitales de tal calado, la naturaleza puede llegar a imponerse a los conocimientos adquiridos, si es que realmente fueron adquiridos y asimilados. Como es lógico, todo esto es mucho más sorteable por individuos altamente instruidos, bien concienciados y con acumulación de experiencias similares.

Atención a esta definición sobre la legítima defensa, ofrecida por el jurista alemán Claus Roxin: “El defensor debe elegir de entre varias clases de defensas posibles aquella que cause el mínimo daño al agresor, pero no por ello tiene que aceptar la posibilidad de daños a su propiedad o lesiones en su propio cuerpo, sino que está legitimado para emplear, como medios defensivos, los medios objetivamente eficaces que permitan esperar con seguridad la eliminación del peligro”. La cita, ciertamente propiedad intelectual del profesor teutón, viene siendo pronunciada, reiteradamente, por el Tribunal Supremo de Alemania. Roxin, con ochentaicinco años de edad, es catedrático emérito de Derecho Penal y Derecho Procesal Penal de la Universidad de Múnich, y ostenta casi una veintena de doctorados Honoris Causa. En noviembre de 2014 fue reconocido por el Ministerio de Justicia de España con la Orden de la Cruz de San Raimundo Peñaflor, por su influencia en la reforma penal española. Claus Roxin es, sin duda alguna, uno de los penalistas contemporáneos más destacados del mundo.

Hace más daño el desconocimiento de lo relativo al uso legal del arma, que las propias agresiones sufridas. El boca a boca ha hecho creer a nuestros agentes, promoción tras promoción, que siempre que defiendan sus vidas van a ser condenados. Y eso, para nada es así. Pero resulta más cómodo, a la par que cobarde, leer los titulares de los periódicos que no las sentencias judiciales, menos aún las jurisprudencias del Supremo. El estudio gusta poco o nada, de ahí tantas malentendidas y viciadas interpretaciones sobre la manida proporcionalidad de los medios defensivos, cuando lo cierto es que jurisprudencia no para de decirnos que ha de mirarse lo racional de la respuesta, o sea, la idoneidad de defenderse en aras de sobrevivir, sin mirar que útil ha sido empleado. 

Decir, por último, que si bien suele resultar tarea imposible la de apuntar, porque la fisiología humana durante la supervivencia puede llegar a impedírselo a las personas mentalmente sanas, no así a quienes padecen psicopatías, los protocolos dictan que hay que disparar a las piernas o a los brazos (teóricamente partes no vitales, pese a los muchos e importantes vasos sanguíneos ahí ubicados), aunque en los ejercicios de entrenamiento puntúen más los impactos en la cabeza, porque las siluetas no siempre cuentan con presuntos trenes motrices. Otro contrasentido, en el que se ve que nadie quiere repara.

jueves, 19 de enero de 2017

HOY HAN GANADO LOS BUENOS

Por Ernesto Pérez Vera

Hoy, una vez más, he revivido mil sensaciones angustiosas. Mi corazón y mi mente siguen a mil por hora. Esto no puede ser sano, aunque digan que las lágrimas limpian los ojos y el alma. Todos creen poder hacerlo. Algunos incluso se atreven a decir que lo bordarían. Pero lo cierto es que un porcentaje muy escaso de seres humanos, policías o no policías, apretará el disparador el día del juicio final. Muy pocos, solo que casi ninguno lo sabe. Es lo que tiene no saber que no se sabe.

Respecto a lo acaecido esta madrugada en La Algaba (Sevilla):

El agente que disparó es una persona muy cualificada, dedicada a dar formación de calidad y realista, de esa que conciencia y mentaliza al personal. El hecho de haber llevado el arma presta seguramente resultó crucial. Y aunque este compañero me insultó el año pasado por mi campaña antiAH, en contra de la Automatic Holster, yo estoy muy feliz por el resultado final del suceso: buenos 2; malo 0. Este señor ha salvado varias vidas: la de su compañero, la de las dos mujeres que requirieron a la Policía y la suya propia. Es un héroe.

Como es de esperar de quien está debidamente instruido, este funcionario no usa la pistolera AH, por más que le molestara mi opinión sobre tal engendro.


Ni que decir tiene que es falso todo lo que los agoreros vomitan sobre que les va a caer la grande a los policías. Serán exonerados, judicialmente. Así que al carajo los que padecen la fiebre de la ignorancia y el dolor crónico de la protusión fecal.

viernes, 13 de enero de 2017

520: TIENE USTED DERECHO A GUARDAR SILENCIO

Por Ernesto Pérez Vera

Con la venia, señoría.

Suelen decir que me quejo por vicio de lo mal que funcionan demasiadas cosas en la comunidad policial. Anda que no he dicho veces que existe descoordinación policial entre cuerpos, cuando no incluso también entre unidades de una misma fuerza. Para eso este país es, posiblemente, el que mejor se las pinta, porque anda que no nos gusta nada robarnos servicios e información para apuntarnos el palote estadístico, aunque con ello se ponga en riesgo la seguridad ciudadana y la eficacia en la persecución del bien común. Si Santo Tomás de Aquino levantara la cabeza... Ni cosas que podría contar yo, sobre esto de pisarnos la manguera entre bomberos.

Pero también he despotricado de la descoordinación judicial existente tanto entre los juzgados de una misma comunidad autonómica, como, por supuesto, entre los órganos judiciales de otras regiones. Esto ha costado vidas humanas hasta de niños, así como violaciones, también de niños. Pero hoy he vuelto a descubrir otro espeluznante caso, que si no fuese porque hay un muerto de por medio, sería para que lo contase Gila. En mayo de 2014 falleció en Galicia un policía nacional como consecuencia de un delito de homicidio por imprudencia menos leve, o sea, sin querer matar. El óbito se produjo mientras el agente intervenía con un preso que se encontraba disfrutando de un permiso carcelario. Hasta aquí, nada fuera de lo normal, pero resulta que el menda, el chorizo que estaba de vacaciones fuera del talego, se encontraba en requisitoria: estaba en busca y captura, constándole, en las bases de datos policiales y judiciales, una Detención para Ingreso en Prisión, lo que en el argot se denomina un D.I.P. Descanse en paz José Manuel Pardo.

No hay más preguntas, señoría.

jueves, 12 de enero de 2017

POLICÍAS LOCALES EN PRÁCTICAS Y DESARMADOS

Artículo de opinión para Onda Cero Algeciras (11/01/2017)

Es tiempo de pensar con seriedad, aparcando el buenismo absurdo al que demasiados estúpidos se afilian de por vida. Porque si bien es cierto que el mundo no siempre es negro, sí que suele ser gris y rosa, a partes más o menos iguales

Por Ernesto Pérez Vera

Ni Berlín, ni París, ni Milán, esto es el Campo de Gibraltar, donde queramos o no también estamos en alerta 4 de terrorismo. Sabemos que el tunecino que mató indiscriminadamente en Berlín días antes de la Nochebuena, cayó a balazos en Milán. Su muerte, de la que yo me congratulo, llegó de la mano de un policía italiano que apenas llevaba un mes en prácticas. El muchacho logró abatir al hombre más buscado de Europa, cuando en vez de mostrar su documentación ante el requerimiento policial… empezó a disparar.

Este párrafo parece muy poco acertado para abrir el Balcón del Estrecho, menos aún después de haber visto blindadas nuestras cabalgatas de Reyes Magos. Pero he aquí la cosa que hila con nosotros, con los campogibraltareños en particular y con los andaluces en general. Y es que si lo de Milán se hubiese producido en Tarifa, en San Roque, en Córdoba o en Guarromán, por decir algo, poco o nada hubiese podido hacer el funcionario en prácticas, de haberse tratado de un policía local. Porque verán, en Andalucía, incomprensiblemente, los policías locales en periodo de prácticas no portan armas de fuego. Al ciudadano medio esto le puede parecer baladí, algo sin mayor importancia y sin trascendencia. Pero en absoluto lo veo yo así.

De un policía se espera que lo dé todo por todos, haya jurado ya el cargo o se encuentre ejerciendo sus funciones eventualmente. Y sin una pistola o un revólver muy poco resolutivo se puede ser en determinadas ocasiones. No ocurre a diario, pero a  veces hay recoger la sangre derramada.

Y es que todos estamos estrenando año a la par que policías estrena la comarca. En breve, tan en breve como dentro de un mes, las calles de Algeciras serán reforzadas con 11 nuevos servidores públicos vestidos de policías locales, pero armados exclusivamente con una porra, sin que durante los meses que duren las prácticas puedan defenderse a tiros, por más que la situación lo exija. La Línea, a lo largo de 2017, se verá en las mismas circunstancias. Esto a muchos de ustedes quizás les resbale, pero al tiempo que ellos no puedan defenderse a tiro limpio, tampoco podrán defenderlo a usted, a su hija o al vecino del quinto, si un terrorista aparece por la esquina de enfrente. ¿Recuerdan lo de Niza? Sí, un hecho calcado a lo de Berlín y al que todos estamos expuestos. Pues sepan que los que eliminaron al conductor del camión francés eran policías locales. Eso sí, todos tenían un yerro encima. Quiera Dios… que nadie tenga que desenterrar nunca este artículo de opinión.

Puedes oírlo aquí, justo después de una improvisada entrevista: http://www.ivoox.com/entrevista-ernesto-perez-vera-audios-mp3_rf_16123074_1.html

sábado, 7 de enero de 2017

HISTORIETAS DE FACEBOOK

Por Ernesto Pérez Vera

Viernes 6 de enero de 2017. Eran sobre las diez y media de la mañana, cuando una persona que no conocía de nada solicitó mi amistad en la red social Facebook. Como ya es costumbre en mí, giré este mensaje: “Hola. ¿Has solicitado mi amistad Facebook? Tengo una solicitud tuya. Un saludo. Ernesto”. Seguro que alguno de los que ahora están leyendo estas palabras ha pasado por este particular filtro, que no todo el mundo supera. Soy un malaje, qué le vamos a hacer.

Justamente dos horas después recibí esta respuesta, que ahora retoco con unas comas y unos puntos, para su mayor comprensión: “Si, he visto un cargador de pistola y he pensado, este es de los míos. Un saludo”. Un servidor, al leer tales comentarios, pensó que podría tratarse de un tirador o de un aficionado a las armas y al tiro. ¡Ah! Era varón, a tenor de la imagen pública expuesta en el perfil. Significar que su nombre no lo supe en ningún momento, al menos no por él, dado que se hacía llamar como un arte marcial, a nivel de nombre; y como una localidad madrileña, a nivel de apellido.

Así las cosas, cuando le pregunté si estaba ante un tirador, expresión justa y exacta por mí empleada al interrogar a tal respecto a mi interlocutor, fui espetado con: “Sí, soy ‘sniper’ y miembro de la Guardia Civil. Además de arma corta”. Qué chachi pirulí, me dije a mí mismo. Y claro, ya me conocéis, no me pude resistir: “¿En qué unidad estás?”. Respuesta: “Después de 24 años y de haber pasado por cursos UEI y 10 años en el GRS nº 1, de instructor y operativo, llevo 5 años en Cinológicos de Barajas, en Narcóticos. Dos cursos SWAT en los EE.UU., un curso de protección de vuelos con la UEI y otro con el U.S. Marshals”.

No me achiqué ante tan apabullante currículo. No es que las personas más cualificadas que yo no me imponga y generen respeto. Al revés, me imponen tanto que me vuelvo interesadamente avaro, a fin de tratar de aprender de ellas lo más posible. Pero en este caso, no sé por qué, algo me decía que había gato encerrado. En fin, le confesé que conozco a varios funcionarios que están o han estado destinados en la UEI, rogándole que me dijera en qué años estuvo él allí, obviamente, faltaría más, si podía y quería decírmelo. También metí los dedos en la cuestión del SWAT, pues en los EE.UU. hay cientos de unidades con ese mismo nombre. Soy un preguntón, porque los años y los embustes me han hecho ser desconfiado.

El hombre, en vez de mandarme a tomar aire fresco, me respondió a todo. Pudo no hacerlo, pero leches si él era el que me pedía amistad, qué menos que me contara algunas cosas sobre él, ¿no? Yo lo hago, cuando me lo piden. Me dijo que había hecho dos cursos de la UEI. Esto me hizo pensar que quizás nunca había estadio en tan selecta unidad especial de la Benemérita, toda vez que repetir el curso indica que el primero, al menos, nunca fue superado. Y sobre la unidad yanqui con nombre de película taquillera: “Estuve con el mayor Omar Martínez Sexto y con el teniente Fernando Bandini, de SWAT de Los Ángeles. Luego he estado con Cris Costa, Ludus Costa”. Joder, qué envidia, qué pelotazo de tío.  

El muchacho, y le llamo así porque no sé cómo se llama, al menos no lo sé por él, dado que nunca se identificó, tal vez por aquello de salvaguardar la seguridad nacional, se hartó de mí y empezó a formularme preguntas. Normal. La primera fue “¿eres compañero guardiacivil?”. Como ni soy guardia ni suelo mentir demasiado, le dije la verdad más verdadera que pude, que no soy miembro del benemérito instituto, sino un mero ciudadano particular. La verdad, vamos. Mi sinceridad, lamentablemente, decepcionó al karateka: “¡Ah! Creía… Cómo te vía puesto, pensé que eras militar”. Qué quieren que les diga, me partió el alma: desde niño pegando tiros, entrenando, probando materiales, técnicas y tácticas; y leyendo y estudiando, y resulta que solo siendo soldado podría haber llegado a aprender algo. Qué pena de mí, por Dios.

Y puestos a seguir diciéndonos cosas el uno al otro, lancé este bombazo: “Los militares no son precisamente los que más saben de según qué cosas, al igual que tampoco la generalidad de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”. Menudo leñazo tuve que endiñarle con mi manifestación, pues entramos en el cuerpo a cuerpo dialéctico. “Bueno, bueno… A ver si ahora los civiles van (seguramente quiso decir vais) a estar mejor preparados. ¿Experiencia en combate, asaltos reales, intervenciones policiales…?”, me escupió el francotirador. Puesto que para este señor solo un militar puede saber sobre las cosas que él antes creía que yo sabía (me dio que me veía puesto), pues me tocó las pelotas. Al principio escribió que yo era de los suyos, porque había visto fotos mías con armas y un cargador de pistola en mi perfil de Facebook. Pero está claro que no soy de los suyos, porque no soy militar. Y menos mal que no soy de los suyos, porque quien cree que solo los soldados pueden saber de tiros, de cartuchos y de armas, otorgando maestría y experiencia el hecho de lucir un uniforme, demuestra ser un imbécil redomado que no sabe una mierda de nada. En fin, claudiqué reconociendo que soy un ignorante.

Nos enfadamos un poco. Aunque, sinceramente, yo empecé a tildarlo de fofito, dedicándole provocativas risas. Como dice el gran filósofo andaluz Chiquito de la Calzada, una mala tarde la tiene cualquiera, y yo el día de Reyes contaba con muy poco carrete. Antes de abandonar la conversación y de bloquearlo para zanjar rápidamente aquella absurda lucha de machitos que nos traíamos los dos, me regaló esto: “Vamos a ver, al tener conocidos en la UEI, pensaba que eras guardia civil. Y seguro, seguro, que no sabes más que un militar de carrera. A ver si después de 24 años pegando tiros me van a enseñar muchas cosas. Algo podré aprender, y de todos se aprende, pero de los militares. Que me dé clases un civil… Y estudia y preséntate a la academia y así sabrás algo”. En mi último consumo de tiempo absurdo, antes de almorzarme un codillo de cordero, admití: “Tienes razón. No sé nada: no soy ni militar ni policía. Lamento que te hayas equivocado al creer que yo sabía, creyendo que era militar de carrera. Lo siento, no soy del SWAT ni nada de nada. Tú tienes una levantera que no veas”.

Y todo esto porque no soy militar y por decir que ni los militares ni los policías son siempre, per se, expertos en según qué cosas. No me dio tiempo ni a especificar a qué cosas me refería y, por supuesto, en ningún momento traté de darle clases de nada a nadie. Por cierto, parece que suspendió dos veces el curso de acceso a la UEI y que hoy es tan civil como yo, porque está tan jubilado como yo.

Feliz 2017.