sábado, 20 de mayo de 2017

Supervivencia, estrés y visión túnel, en la TV

Por Ernesto Pérez Vera

Escena de ‘Blue Bloods’, una muy buena y divertida serie sobre la Policía de Nueva York. Es un vídeo corto, breve, por lo que te insto a verlo, a mirarlo. Óyelo todo con suma atención. Merece la pena, de verdad. El tío del bigote es el jefe supremo del cuerpo, y ella, la chica madura, es una fiscal (tal vez sea más cierto que es una comisionada del Comité de Ética y Buena Conducta del NYPD, un organismo independiente y ajeno a la Policía. Algo muy anglosajón). Se trata de una lección teórico-práctica de fisiología humana durante el enfrentamiento armado. Una clase básica y rápida, muy aprovechable, sobre supervivencia y estrés. Se ve que las teleseries, a veces, sirven como medio de instrucción (las menos veces, la verdad).



Como me acaba de decir por teléfono Eduardo de Cobos, también llamado Eduardo Manospistolas: “Ernesto, lo bueno es que si muchos jefes, jueces y fiscales  (y yo añado policías) se dejaban engañar hasta ahora por las escenitas irreales de Hollywood, hoy, ya,  podrán dejarse llevar por la verdad de algunas buenas series y películas. Por fin empezamos a ver cine bien asesorado”.

lunes, 15 de mayo de 2017

EL VASO DE LA MUERTE

Por Ernesto Pérez Vera

Un lasca de cristal, un vaso de cerámica partido, un fragmento de disco compacto, etc. Cualquier cosa puede ser letal, según las intenciones de quién maneje la cosa, cabiendo la legal defensa, con lo que sea (incluso tirando de arma de fuego, si se sabe usar y las circunstancias lo permiten), cuando el agresor agrede con alguno de estos cacharros. Es más, cabe la defensa incluso cuando aún no se haya materializado físicamente el ataque, pero éste se prevea de inminente perpetración. No lo digo yo, que también lo digo, sino que lo dicen, por ejemplo, estas sentencias del Tribunal Supremo: 05/4/1998 y 2485/2014.

La cabeza siempre nos va a doler un poco o un mucho, disparemos contra un cuchillero o contra un escopetero. Pero en ese debate, en el de si se gana o se pierde la batalla judicial, no puede participar el que está muerto. Y los datos cantan, por más que digan lo contrario: cuando se abre fuego con razón y se escribe bien (instrucción de diligencias), se archiva la causa o se produce luego la absolución. Hasta actuaciones pésimas, bien amarradas, han terminado óptimamente en los tribunales.


Cuánto burrito redomado hay por ahí, y hablo del seno de las fuerzas de seguridad, defendiendo el derecho ciudadano a matar policías a cuchilladas, porque, según ellos, los borricos, los policías no tienen derecho a defenderse cuando los ciudadanos ejercen su derecho a apuñalar polis. Así nos va y así nos seguirá yendo.

viernes, 12 de mayo de 2017

POR QUÉ LOS JUECES Y FISCALES DEBERÍAN DISPARAR, AL MENOS UNA VEZ


Hoy les traigo un fabuloso artículo de mi amigo Ignacio Abínzano Murillo, fiscal de la Fiscalía de Área de Sabadell, con quien en 2014, en Calafell (Tarragona), tuve el honor de compartir mesa, mantel y micrófono durante una charla-coloquio (ciclo de conferencias) sobre los enfrentamientos armados policiales y las circunstancias neuro-psico-fisiológicas, formativas y jurídicas que se entremezclan en la calle, cuando un malnacido o un enfermo mental decide sembrar pánico y muerte, fabricando viudas, huérfanos y pena. Estén muy atentos a lo que dice este fiscal. Divulguen sus palabras, por el bien de todos.


Yo no compito con nadie en casi nada, por lo que eso que dicen algunos de que este artículo está incompleto, teniendo ellos publicado el puro y totalmente completo y exacto, me resbala. El texto firmado por Ignacio está en mi poder desde el 16 de febrero, habiendo decido ahora traerlo a mi página. Y ojo, lo tengo porque el autor me lo mandó para que le diera mi opinión en varios aspectos, ofreciéndomelo para publicarlo, si tal era mi gusto. Si otros tienen el texto completo, es que tienen otro. Yo soy más pobre y solo tengo lo que el fiscal me ha mandado para que se lo valore y, como ya he dicho, para que lo publique en mi página.


Ahora, lean, lean:

Por qué los jueces y fiscales deberían disparar, al menos una vez

Por Ignacio Abínzano Murillo

La probática puede definirse como la ciencia de la prueba judicial. Es la parte de la ciencia jurídica que tiene por objeto la demostración de los hechos y las afirmaciones vertidas dentro de un proceso judicial, especialmente en la fase del plenario, la más importante de cara a resolver el conflicto planteado. Su práctica requiere la colaboración de los peritos, profesionales de todo tipo, que suplen los conocimientos técnicos de los que carecemos los jueces y fiscales.

No obstante, siendo este el principio cardinal, nunca viene mal tratar de adquirir parte de esos conocimientos. No sustituiremos jamás al profesional (médicos, arquitectos, peritos calígrafos, etc.), pero tampoco nos estorbará adquirir ciertos conocimientos prácticos de primera mano. Es decir, que no es mala idea, de vez en cuando, saltar al campo de juego en lugar de ver siempre el partido desde la grada, para comprobar que, puestos en la tesitura del jugador, igual no es tan fácil marcar el gol a puerta vacía como podríamos suponer.

De entre los muchos ejemplos que podrían encontrarse, vamos a centrarnos en uno que preocupa gravemente a los miembros de los diversos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que desempeñan su oficio en nuestro país. Ante una intervención policial en la que se han empleado armas de fuego (muchas veces con resultado de graves lesiones o incluso de muerte), llegado el día del juicio, el agente policial debe demostrar ante el tribunal el estricto cumplimiento de los requisitos que legitiman la aplicación de las dos principales causas de justificación: la legítima defensa del art. 20.4 y el cumplimiento del deber del art. 20.7º, ambos del Código Penal. ¿Hubo agresión ilegítima? Esto generalmente no ofrece dudas. ¿Existió provocación por el defensor? Tampoco suele ser cuestión de debate, habitualmente. La pregunta clave siempre es ¿fue la respuesta policial PROPORCIONADA? Y también ¿la utilización del arma de fuego respetó las normas de la lex artis, es decir, ese especial conocimiento y control que de la situación de riesgo DEBE tener el profesional gracias a su formación específica en la materia?

Esa es la clave. La formación del policía y el debido respeto a las exigencias de la lex artis. Si alguien pretende aprender a pilotar, por poner un ejemplo, será mejor que se entrene con un avión de verdad, no solo con simuladores que, por muy reales que sean, solo exponen al aprendiz a equivocarse y a recibir un pitido y un inofensivo mensaje que dice: “Se ha estrellado usted. Pulse ESPACIO para empezar…”.

Del mismo modo, si el policía se entrena únicamente con dianas inertes y siluetas de papel en una galería de tiro, difícilmente estará preparado para afrontar con éxito una prueba de fuego real. Me viene a la mente una mítica escena de ‘Operación Dragón’, icónica cinta de artes marciales dirigida por Robert Clouse en 1973. Se ambienta en una isla oriental en la que su despótico gobernador organiza torneos de artes marciales. Su principal sicario, un robusto karateca de bigote, barba y tez rojiza, que en sus ratos libres se dedica al kárate pero que tiene como principal ocupación la de asesino a sueldo, se enfrenta a un adversario desconocido, de escasa estatura y cuerpecillo menudo, que aparentemente no tiene ni media leche, como diría el castizo. Pues bien. Antes de iniciar el combate, el fornido sicario lanza una tabla al aire y, antes de que caiga, ejecuta un preciso golpe de kárate que la parte en dos, con lo que está convencido de haber impresionado a su escuálido rival. No lo consigue, porque por azares de la vida y del guion, su adversario no es otro que Bruce Lee, quien, impertérrito ante la demostración de destreza del sicario, sin apartarle la mirada le advierte, ecuánime: “Una tabla no devuelve el golpe”. Una tabla tal vez no, pero el bueno de Bruce sí, y con tanta contundencia en la respuesta que el pobre sicario acaba el combate en peores condiciones que la sufrida tabla.
 
Las cosas claras, como el agua
Volviendo al tema principal. ¿No estaremos permitiendo que nuestros policías se confíen igual que el karateka de la película, porque son capaces de acertar seis disparos seguidos en el centro de una estática silueta de papel que, igual que la tabla de ‘Operación Dragón’, jamás devolverá el golpe? Y, en lo que atañe a quienes a posteriori tenemos que enjuiciar la labor del policía, ¿no estaremos olvidando que cuando emplea su arma en una intervención real ha tenido que enfrentarse a una situación completamente nueva, para la que tal vez no esté debidamente entrenado?

Hace unos meses acepté la invitación de un policía, del Cuerpo de Mossos d´Esquadra para más señas, para acudir a una galería de tiro y, con las debidas medidas de seguridad, hacer la prueba de disparar con un arma reglamentaria. Era la primera vez que sostenía en mis manos una pistola real, y, obviamente, también fue la primera que disparé munición auténtica. Desde ahora recomiendo vivamente esta experiencia a cualquier profesional del derecho encargado en enjuiciar la conducta de los que por razón de su oficio deben emplear armas de fuego. En primer lugar, el tacto. El simple contacto físico con ese instrumento, ya municionado, que tiene la capacidad de segar la vida en un segundo y que está en condiciones de hacerlo por tener un cargador lleno, produce respeto a cualquiera que no sea un inconsciente. Tratando de seguir punto por punto las precisas instrucciones que me había dado el instructor, alcé el arma, apunté a la diana (no estaría a más de diez metros) y apreté el gatillo. Para sorpresa de todos, di justo en el centro. Y los restantes disparos, algo más desviados, quedaron no obstante agrupados en los círculos interiores. Magistral. La reencarnación de Mel Gibson en ‘Arma letal’. Fue la única vez que logré agujerear la diana.

Porque a continuación, y esto es lo que quiero destacar, el instructor de tiro, con la cara del experto jugador de billar que se ha dejado ganar hasta conseguir que el novato muerda el anzuelo y suba imprudentemente la apuesta, me propuso: ahora vamos a probar otra cosa. Cuando yo toque el silbato, que puede ser dentro de diez segundos o pasados diez minutos, usted debe disparar todos los cartuchos, a la mayor velocidad posible. Si tarda más de cinco segundos en vaciar el cargador, no habrá superado la prueba, aunque haga diez dianas. ¿Me estaba vacilando? ¿A mí, que después de mis primeras dianas me sentía capaz de emular a Clint Eastwood en el duelo final a tres bandas de ‘El bueno, el feo y el malo’? “Silbe cuando quiera”, contesté desafiante. Silbó (tras tomarse su tiempo, para tratar de pillarme desprevenido –que es lo que por otra parte sucede en la vida real del policía–), disparé (creo que bastante rápido) y no es que no diera en la diana, que desde luego ni la rocé; es que todos los impactos se habían quedado a más de medio metro del objetivo. ¡Medio metro! Y eso los más precisos. En una diana que estaba a menos de diez metros y que, de todas maneras, jamás iba a responder los disparos. Ahora apliquemos el factor de corrección de encontrarnos en una situación real, en la calle, en la que el policía se juega su propia vida y la de los demás, vidas que puede poner en peligro tanto si dispara como si no lo hace, porque el individuo al que hay que reducir tiene un cuchillo o incluso otra pistola, y sus intenciones resultan totalmente imprevisibles.
Ahí está la raíz del problema. No basta con entrenarse para manejar el arma y ser capaz de hacer diez dianas con diez disparos en la galería de tiro, frente a una sufrida silueta que encaja los disparos con humildad franciscana. El entrenamiento debe perseguir, si acaso es posible, que el policía sea capaz de mantener la cabeza fría y emplear su arma sin dejarse superar por la situación, ciertamente más desagradable y estresante que la de los entrenamientos. Pero, sobre todo, y esto nos atañe a los jueces y fiscales a la hora de enjuiciar la conducta del policía que disparó en una situación de estrés y riesgo para la vida propia y ajena, en la que no disparar podría tener consecuencias incluso peores, nunca debemos olvidar que tal vez no recibió el entrenamiento adecuado (no por su culpa, desde luego) y por ello no se le puede achacar incumplimiento de una lex artis que nunca le fue debidamente enseñada.

Y para poder valorarlo mejor, compañeros de la Carrera Fiscal y Judicial, aceptadme un consejo basado en la propia experiencia: no os quedéis en la grada, bajad a tirar el penalti al menos una vez. Probad a sostener un arma y a disparar diez cartuchos en menos de cinco segundos, ante el toque de silbato sorpresivo de un instructor con ganas de fastidiar. Después ya hablaremos de los requisitos del art. 20.4º y 7º del Código Penal.

jueves, 11 de mayo de 2017

ATENCIÓN A LA FUNDITA DE LA FOTITO

Por Ernesto Pérez Vera

Por favor, presten atención a esta fotografía. Que conste que no está tomada en España. Pero juro por mis zapatos nuevos que aquí he conocido a personas homologadas como lerdos de solemnidad, que siendo miembros de las fuerzas de seguridad y zurdos de mano, llevaban la pistola en fundas diestramente colocadas, o sea, en el lado contrario al de la mano hábil (o más hábil). Por tanto, la burrada mostrada en esta imagen no me sorprende nada en absoluto, como tampoco me pilla por sorpresa, por más que lo aborrezca y lo critique con justificación lógica y técnica, saber que hay borricos engreídos que portan un solo cargador y además a media carga, o incluso a un cuarto de ella. Menuda mezcla de ignorancia, pasotismo y gilipollez.

Si hay inútiles que no saben ponerse bien las hombreras de las divisas del uniforme; y becerros que no saben extraer con seguridad un cartucho de la recámara de su pistola, ¡cómo coño me voy a sorprender con esto! 

martes, 18 de abril de 2017

LUNES SANTO LEGIONARIO

Por Ernesto Pérez Vera

Artículo de opinión en el Balcón del Estrecho de Onda Cero Algeciras (18 de abril de 2017). Puedes leerlo y oírlo: http://www.ivoox.com/balcon-ernesto-perez-vera-la-legion-audios-mp3_rf_18203870_1.html

¡Firmes…!

Una semana hace que la Legión pasó por Algeciras, pero aún resuenan los coordinados zapatazos del ‘paso lento’ y los aplausos vertidos por la ciudadanía a la marcha de los 160 pasos por minutos, que los legionarios de Ceuta nos regalaron el Lunes Santo. Ya van 3 años seguidos, por lo que esto tiene pinta de alcanzar pronto el grado de tradición, cosa que la gran mayoría de la población campogibraltareña agradecería.

En 2015, la primera vez que los legionarios vinieron a sembrar historia, ya le dediqué un Balcón al piquete de honores, a la Banda de Guerra, a la Escuadra de Gastadores y a la comisión representativa encabezada por el coronel del Tercio Duque de Alba. El segundo año, el pasado 2016, imponderables quirúrgicos me impidieron ver, oír y sentir nuestro ya Lunes Legionario. Pero la semana pasada pude volver a disfrutar de los hombres y de las mujeres que pasearon por las calles de Algeciras el orgullo de pertenecer a otra raza; a la raza de los que se entregan a obedecer sin rechistar, tanto en la guerra como en la paz; la raza de los que profesan la religión de la valentía.

Gran sorpresa la mía, esta vez, al descubrir que la sección primogénita se ha duplicado, mandando ya la formación un capitán, y no un teniente (lo que viene siendo una compañía reducida, vamos). La cosa crece hasta el punto de que este viaje han sido 2 las escuadras de gastadores que han deleitado a niños y a mayores, derrochando marcialidad, disciplina y sudor. Respecto a los acordes musicales, ¡sin novedad!: mis sentidos se estremecieron, como siempre, con la armoniosa sonoridad de las cornetas de caña larga típicas de la Legión y con los repiques y las resonancias de los tambores y los bombos acomodados, cómo no, al son del Novio de la Muerte que emitían, a pecho descubierto y con el corazón en la mano, las gargantas de 114 caballeros y damas legionarias; 114 novios y novias de la muerte.

Y aunque son tiempos complicados para quienes reconocemos el valor de quienes nos sirven con uniformes y armas, trátese de soldados o policías, yo ya estoy contando los días que quedan para volver a celebrar el Gran Lunes de Algeciras. Pero antes de finalizar, María, permíteme decir que esta centuria de legías estaba conformada por numerosos naturales de nuestra comarca, si bien a mi me enorgullece mentar a mi amigo, hermano y paisano Francisco David Caballero Álvarez, cabo primero caballero legionario, que lleva 8 trienios tirando de chapiri allá adonde lo destaquen.

¡Rompan filas…!

domingo, 9 de abril de 2017

LA ASIGNATURA PENDIENTE DE LOS QUE NO SABEN

Por Ernesto Pérez Vera

Alimentar la recámara de una pistola resulta una maniobra de rápida materialización, sobre todo si el arma ya está asida y desenfundada; porque si al tiempo que se invierte en introducir el cartucho se le suma el desenfunde, ya tenemos dos tiempos previos antes de poder estar en disposición de hacer fuego súbito. Tiempo, ya ves, lo que nunca sobra cuando en un tris la vida puede apagarse. Es de Perogrullo que si se está bien entrenado, el tiempo de respuesta puede verse recortado, algo que suele dirimir entre sangrar o no sangrar, hete aquí la cuestión.

Pero digan lo que digan quienes no saben, aunque digan y digan, y sigan diciendo, jamás es más rápido desenfundar, montar el arma y disparar; que desenfundar y disparar del tirón. Es tan falso como el rey Miguel, que ni era rey ni se llamaba Miguel. Y si no, que le pregunten al tendero de este vídeo, que aunque le da tiempo a buscar y empuñar su arma en el momento de verse atracado por un pistolero, recibe un tiro mientras está alimentando la recámara de su pistola, aun teniendo encañonado a su agresor durante el instante que consume en poner su arma en condición de disparó: VÍDEO https://www.youtube.com/watch?v=0FXHVjXPtJk&feature=youtu.be VÍDEO

jueves, 6 de abril de 2017

EL VALOR REAL DE LA POLICÍA LOCAL

BALCÓN DEL ESTRECHO. ONDA CERO ALGECIRAS (04/4/2017)

Por Ernesto Pérez Vera

Hola, María. Hace 4 o 5 meses me asomé a tu balcón radiofónico para hablar del blindaje contra el narcotráfico efectuado en la desembocadura del rio Guadarranque; obra de ingeniería aplaudida por todas las personas de bien. Pero ya dije, tanto en aquel momento como en otros muy anteriores, que siempre hay que estar ojo avizor porque los malos, en este caso los traficantes de drogas, suelen ir 1 o 2 pasos por delante de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Sí, he dicho fuerzas y cuerpos de seguridad, porque aunque normalmente se tira de la coletilla ‘del Estado’, no siempre son las 2 fuerzas estatales, o sea, la Guardia Civil y la Policía Nacional, quienes persiguen, atosigan y detienen a los malos. No obstante, no me quiero olvidar de Vigilancia Aduanera, cuyos miembros también combaten estos delitos, aun sin pertenecer a las fuerzas y cuerpos de seguridad. 

Es por ello que hoy traigo a estas ondas la intervención realizada por la Policía Local de San Roque hace pocas fechas en el citado curso de agua, sin que esta fuerza pertenezca al Estado, sino a una administración local. Me refiero a la ‘narcoembarcación’ intervenida por los funcionarios sanroqueños, junto a la cual fueron decomisados 3.500 litros de gasolina inseguramente almacenados. No es ninguna novedad que los municipales incauten drogas y detengan a quienes mercadean con ellas, como del mismo modo son muy frecuentes los decomisos de lanchas, remolques y vehículos destinados al traslado de todo lo anterior, como es el caso de los 4 todoterrenos de alta gama sustraídos y recuperados la semana pasada, también por agentes de San Roque. Dado que la cabra tira al monte y yo he sido policía local, hoy quiero poner en valor, con estos párrafos, la calidad profesional de quienes fueron mis más íntimos compañeros. Dicho esto, que nadie me llame corporativista, porque anda que no he puesto veces a parir a los míos, a los otros y a los de enfrente.

Por cierto, muy pocos días después de haber ocurrido lo de la gasolina oculta en una casa (menudo peligro), un guardiacivil fue deliberadamente atropellado por un hijo de la gran perra que estaba intentando alijar chocolate por la playa del Rinconcillo, aquí en Algeciras. Nada de accidente, María, un homicidio en grado de tentativa por el que el agente de la Benemérita ha tenido que ser quirúrgicamente intervenido de graves lesiones en una pierna. Aprovecho este espacio para desearle una completa y pronta recuperación.

Óyelo aquí: http://www.ivoox.com/balcon-ernesto-perez-vera-abril-audios-mp3_rf_17949621_1.html

Muchas veces me pregunto si esta condena nos viene impuesta por la caprichosa localización geográfica que ocupamos en el mapamundi o si influyen, también, factores socio-culturales. Creo que se trata del maridaje de las 2 cosas, por lo que me temo que esto no es más que la pescadilla que se muerde la cola; un bucle del que nunca vamos a salir.

miércoles, 5 de abril de 2017

REFLEJO INTERLIMB: ¿somos dueños de nuestros movimientos bajo estrés?

Por Félix Carmona

Existen varios tipos de movimientos en el cuerpo humano. Unos son voluntarios, como el de las manos cuando escribimos. Otros son involuntarios, siendo uno de ellos el del corazón. Y otros más interesantes son los movimientos reflejos. Un ejemplo de ellos se da en la consulta del médico cuando nos golpea por debajo de la rodilla y, a consecuencia de esto, la pierna se mueve, queramos o no queramos (siempre el sistema nervioso no esté pachucho). En general, los movimientos del cuerpo se generan gracias a contracciones musculares. Éstas vienen dadas por una orden directa de nuestro cerebro y son el resultado de una decisión consciente.

Pero los músculos también pueden ser activados por señales llegadas desde otras partes del sistema nervioso. Por lo tanto, el movimiento creado sería una contracción muscular que no es el resultado de una decisión tomada por nosotros mismos, es decir, no es una decisión consciente. Esto suele pasar cuando el cuerpo ha de reaccionar rápidamente ante una situación inesperada o cuando está bajo una fuerte situación de estrés.

Existen situaciones en las que pueden aparecer movimientos de una gran contracción muscular:

1.    La pérdida del equilibrio corporal.

2.    Un sobresalto.

3.    Una contracción simpática (o refleja) entre miembros superiores.

En lo relativo al punto 1, cualquier persona que ha ido tranquilamente por la calle y ha resbalado inesperadamente, ha comenzado a realizar unos movimientos muy rápidos, tanto de piernas como de brazos, para evitar la caída y recuperar el equilibrio perdido para no caer. En el punto 2 sucede algo similar. Cuando oímos un ruido fuerte o nos asustamos por algo inesperado, el cuerpo reacciona de la misma manera. Se contraen los músculos y lo primero que hacemos es subir los hombros y encoger el cuello, como cuando vamos andando a la intemperie un día de lluvia, pero mucho más rápido. También las manos se cierran y los brazos se repliegan hacia el centro del cuerpo, haciendo que éste se aparte de la zona de donde proviene el supuesto peligro. Es como si quisiéramos hacernos más pequeños. Supongo que esto será porque, al agacharnos, el centro de gravedad baja y somos más estables y, de esta manera, podemos controlar mejor nuestra estabilidad.

El tipo de contracciones involuntarias que se producen en estas situaciones son rápidas y hacen que todo el cuerpo se contraiga. Si en ese momento nos estamos moviendo con un arma en la mano, llevando un dedo apoyado sobre el disparador, y nos resbalamos o sufrimos un sobresalto, los dedos de la mano podrían contraerse y producirse un disparo no intencionado.

El punto 3 es el que más nos interesa, pero no hay que perder de vista los anteriores, porque también son importantes. El término “contracción simpática” hace referencia una contracción involuntaria que podría darse en los músculos de un lado del cuerpo, cuando los mismos músculos del otro lado están haciendo una acción intencionada y enérgica. Esto puede pasar en las extremidades simétricas, como son los brazos y, por ende, en las manos o en los dedos. A esto se le conoce como reflejo interlimb. Lo de interlimb es debido a que está implicado en esto el “sistema límbico” del cerebro y la conexión que tienen ambos hemisferios o “limbos” entre sí. Este sistema está formado por varias estructuras cerebrales que permiten conectar sendos hemisferios. Esto hace que el movimiento de un lado pueda realizarse, por reflejo, en el otro lado, ya que este sistema se encarga de regular las respuestas del cuerpo a ciertos estímulos, sobre todo bajo condiciones estresantes.
                                 
¿Pero qué es el reflejo interlimb? Los movimientos que se producen en zonas del cuerpo que son simétricas, como las piernas, los ojos, los brazos o los dedos de las manos, producen un reflejo de movimiento en un lado a consecuencia del movimiento inicial del lado opuesto.

En el caso de los miembros superiores, los cuales son los que más nos interesan de cara al trabajo policial, este tipo de reflejos son contracciones involuntarias de los músculos de los dedos y de la mano del tirador, que pueden comenzar por la compresión de la otra mano, partiendo de la existencia de una situación de estrés muy intensa, como sería la de un enfrentamiento armado. Esto puede hacer que una mano realice el mismo movimiento que la otra sin ningún tipo de intención por parte del tirador, todo lo cual viene provocado por un reflejo. Un ejemplo de ello sería agarrar a un delincuente, abrir una puerta, cerrar el puño para golpear con la mano débil y, a consecuencia de este movimiento, provocar un reflejo que obligase a la mano fuerte a realizar la misma acción y presión.

Por lo tanto, bajo estrés, cuando una mano aprieta, la otra también aprieta; cuando los dedos de una mano se cierran, en la otra mano se cerrarán igualmente (y al contrario). Cuando estamos bajo una gran tensión, estresados, si una mano abre, también abrirá la otra.

Esto sucede porque los hemisferios cerebrales, que son los responsables de todo lo concerniente al aparato locomotor (del movimiento), están conectados entre sí por fibras cerebrales. Es por ello que no podemos aislar tales movimientos. Estos, los referidos movimientos, son difícilmente evitables, lo que podría desembocar en una descarga involuntaria, si mantenemos el dedo índice donde no debería estar. Este tipo de reflejo o contracción simpática, en los miembros superiores, se divide en dos partes:

a)              En la contracción de los dedos de una mano, cuando nuestra intención es mover unos dedos determinados.

b)              La tendencia de una mano (o la de sus dedos) a realizar movimientos similares, a pesar de que nuestra intención es hacerlo con una sola mano o únicamente con los dedos.

Este segundo apartado es el que más encaja en la descripción de reflejo interlimb. Existe más probabilidad de que suceda en condiciones de estrés, si las manos se mantienen muy próximas entre sí. Estas contracciones no son controladas por el cerebro, sino por la meninge, lo que provoca que el componente de “intencionalidad” desaparezca. Lo que hace ésta es liberar una enzima que bloquea algunas funciones cerebrales (bloquea el sistema parasimpático), dejando así que trabaje el sistema simpático del cuerpo. Este sistema forma parte de lo que conocemos como “cerebro primitivo” y no podemos controlarlo. Un caso que se podría dar es que si tenemos un linterna o una carpeta en una mano y en la otra el arma, no podríamos soltar el objeto para poder montar la pistola. Esto me lleva a recomendarle a los compañeros que trabajen con cartucho en la recámara.

Antecedentes y análisis sobre el tema hay unos pocos. Ya en 1991, en el Centro de Entrenamiento del FBI (Quantico, Virginia), se hizo un estudio en el cual se demostró que la mano era capaz de contraerse, de manera repentina e involuntaria, con un máximo de 25 libras de presión (más de 11 kg) a causa de un sobresalto. Presiones parecidas se pueden dar, también, por culpa de un tropiezo o al intentar recuperar el equilibrio.

Existen 2 estudios médicos publicados en el “US National Library of Medicine National Institutes of Health”, que tratan el riesgo de disparos involuntarios con armas de fuego (The Risk of Involuntary Firearms Discharge), realizados con una pistola que tenía instalados sensores para registrar la presión realizada por la mano, amén de la ejercida sobre el disparador. En el primer estudio, 34 policías fueron elegidos, de forma aleatoria, para que reaccionaran ante situaciones predeterminadas, utilizando la pistola preparada al efecto.

El resultado fue que los policías podrían, en ciertas situaciones, no solo tener contacto con el disparador, sino que este contacto podría incluso pasar inadvertido. 7 de los 34 participantes (el 20,6 %) apoyaron el dedo sobre el gatillo en algún momento durante las pruebas, infringiendo así el protocolo de seguridad de mantener el dedo fuera del disparador en todo momento, hasta que se tome una decisión consciente de realizar el disparo.

En el segundo estudio, 25 participantes (12 hombres y 13 mujeres, de entre 21 y 39 años de edad) realizaron 13 tareas que requerían el uso de diferentes extremidades, pero se trataba de movimientos específicos de un solo limb o hemisferio cerebral, mientras sujetaban la pistola que registraba la fuerza sobre ella ejercida. Los resultados que demostró este estudio indicaban que la actividad motora realizada por las extremidades en otros limbs o hemisferios conduce a un aumento significativo en la fuerza de agarre que ejercemos sobre un arma de fuego; y que la presión resultante sobre el disparador, por culpa de las contracciones musculares involuntarias, puede ser suficiente para vencer la presión del disparador de la mayoría de las armas policiales.

Estas pruebas proporcionaron la evidencia científica de que es posible que un policía, bajo un fuerte estrés donde esté en juego su vida, pueda realizar un disparo involuntario o no deseado, por culpa de la presión ejercida con la mano contraria a la que porta el arma. En resumen, durante una contracción muscular involuntaria, a causa del estrés, lo que hace una mano, lo hará la otra (las 2 agarrarán, soltarán, etc.). Por lo tanto, cualquier cosa que hagas con una mano, podrá causar un “reacción simpática” y propiciar el reflejo interlimb (abrir una puerta, agarrar a alguien por la ropa, sujetarte a algún sitio al caer o resbalar, pulsar el botón de la linterna, etc.).

Este es el motivo por el que tienes que entrenar transiciones a la funda antes de “llegar a las manos” con un sospechoso. Lo que nos lleva a pensar que hay que usar una funda que permita introducir fácilmente el arma y que ésta quede retenida. Por supuesto, las típicas fundas de cuero no permiten nada de esto muy bien. Deberíamos decantarnos por fundas de nivel II o III, de polímero.

Una cosa a tener en cuenta son los hechos que narran los policías que han estado en un enfrentamiento armado, los cuales describen que existe un gran deterioro de casi la mayoría de las habilidades más rudimentarias con el arma. Uno de los desafíos es, para los instructores de tiro, que la gente tenga un entrenamiento adecuado para enfrentarse a los efectos del estrés que aparecen en un enfrentamiento armado.

Una fórmula fácil de recordar para que no se produzca un disparo involuntario sería “fuera blanco, fuera gatillo”. Es una frase sencilla y que nos puede ayudar en momentos de estrés con el arma. Por eso hay que tener siempre fuera el dedo del disparador y apoyado en el armazón, no el guardamonte, ya que éste podría resbalar e introducirse dentro, con fatales consecuencias.

Pero está claro que un entrenamiento frecuente de situaciones lo más realistas posibles, es la mejor herramienta que tenemos. Aunque este entrenamiento no bloqueará por completo los efectos del estrés, puede servir para disminuir la pérdida de las habilidades, gracias a haber entrenado respuestas motrices para que éstas nos salgan de manera natural. Nada que no hayamos entrenado con anterioridad nos saldrá por primera vez bajo estrés. Lo que puedas hacer será el resultado de tu entrenamiento. Si tu entrenamiento es bueno, lo que saldrá será bueno, pero si tu entrenamiento es nulo o pasas de formarte, no esperes un milagro.

Y si en tu cuerpo no encuentras la formación adecuada, no vale como excusa. Fórmate por tu cuenta. Si algún día te sucede algo, lo agradecerás. En tu mano está la solución.